
(Imagen de Nicoletta Tomas)
En un recodo oscuro, vil gangrena,
tu amor no se resigna a la condena
de mi olvido, reclama su reinado
y no acepta la cárcel del pasado.
Tu recuerdo, profundo y fiel martirio,
insiste, con constancia y con delirio,
en robarme la paz del pensamiento,
dejando sus razones en el viento.
Maldita la razón, sutil tortura,
pues me impide avanzar hasta tu hondura
e incendiarme en su luz abrasadora.
¡Maldita la razón devoradora!
Maldita yo, que sufro lenta muerte
y en mi morir te vivo fiel e inerte.
Candela Martí
tu amor no se resigna a la condena
de mi olvido, reclama su reinado
y no acepta la cárcel del pasado.
Tu recuerdo, profundo y fiel martirio,
insiste, con constancia y con delirio,
en robarme la paz del pensamiento,
dejando sus razones en el viento.
Maldita la razón, sutil tortura,
pues me impide avanzar hasta tu hondura
e incendiarme en su luz abrasadora.
¡Maldita la razón devoradora!
Maldita yo, que sufro lenta muerte
y en mi morir te vivo fiel e inerte.
Candela Martí